ABRIL 2013

Español

Introducción Bíblica

Génesis 39–50

Esta última sección trae el libro de Génesis a su “conclusión culminante”. Las promesas programáticas hechas a Abraham en Génesis 12 y en repetidas ocasiones a lo largo del resto del libro, como la tierra, su descendencia, la presencia de Dios, y la bendición de las naciones, aumentarán significativamente en esta sección. Nótese especialmente, cómo el gobierno de José en Egipto salva al mundo literalmente. Se convierte así, en ese momento, en una bendición para el mundo, presagiando la venida de Cristo quien será una bendición para todas las naciones.

De hecho, notamos que Dios bendice a todo aquel que bendiga a Abraham y sus descendientes, como lo prometió en Génesis 12. Tanto Potifar, quien ascendió a José (Gn. 39:3), como el Faraón que era hospitalario con la familia de Jacob (Gn. 47:10-26) recibieron bendiciones divinas.

Quizás una de las funciones más importantes de esta última parte de Génesis sea mostrar la transformación de los hijos de Jacob, miembro de una “familia disfuncional”, bajo la providencia de Dios. Wenham afirma que “en los resúmenes biográficos, Génesis se trata absolutamente del cambio de personalidad”. Dios cumple su pacto con los patriarcas, transformando a todos los hijos de Jacob, en especial a Judá quien emerge como un líder al final del libro y gana el derecho a gobernar (vea el comienzo en el capítulo 38 y Gn. 49:8-12).

Al leer esta sección le resultará útil tener en cuenta este esquema general (según Bruce Waltke):

1. Hecho: Introducción a la familia disfuncional en Canaán (37:2-38:30)

2. Hecho: Ascenso de José al poder en Egipto (39:1-41:57)

3. Hecho: La familia disfuncional reconciliada (42:1-46:27)

4. Hecho: La familia bendecida en Egipto, en busca de la Tierra Prometida (46:28-50:26)

 

José y la esposa de Potifar (39)

A pesar de que José ahora es un sirviente en la casa de Potifar, en Egipto, este capítulo deja muy en claro que Dios está con José (vv. 2, 3, 21, 23). Dios bendice la casa de Potifar “a causa de José” (v. 5), y todo lo que su amo tenía fue puesto a cargo de José, excepto su esposa.

Surge un problema en esta “situación bendecida” por la apariencia de José: éste era de hermoso semblante y bella presencia (v. 6, esta descripción de un hombre en la Biblia es única). La esposa de Potifar es tentada por José e intenta convencerlo para que “duerma con ella”. Observen que la tentación era diaria. Sarna capta muy bien la ironía: “Ella, la ama de la casa, es una esclava de su lujuria por el esclavo de su esposo”.

José resiste la tentación porque considera que dormir con la esposa de su amo es “un gran mal y pecado contra Dios” (v. 9). Esta “excelencia moral” de su parte puede ser valorado aún más si somos conscientes de que “la promiscuidad sexual era una característica perenne de todas las sociedades esclavistas”. A pesar de su excelencia moral, le tienden una trampa a José por rechazar a la mujer de Potifar y al final del capítulo termina en prisión.

El Señor está con José incluso en la prisión con su firme amor (en hebreo dice: jesed), y una vez más queda a cargo de todos los prisioneros allí.

Observe el patrón de exaltación, humillación, y exaltación que vivió José, así como se repetirá en los Israelitas en Egipto. Este patrón, por sobre todo, señala “la carrera del Hijo de Dios”.

José interpreta los sueños de dos presos (40)

Nótese que en este punto (40:1) José ha sido esclavo y estuvo preso por 10 años (en total serían 13 años, véase 37:2 y 41:46).

El Faraón se enojó con el jefe de los coperos y el de los panaderos, y los mandó a la misma prisión que José. Ambos presos tuvieron un sueño la misma noche, pero estaban abatidos porque no había nadie que se los interpretara (vv. 7-8). Los sueños tenían un papel importante en el antiguo Egipto, y al igual que en Babilonia, la interpretación de los mismos era una habilidad especial. José expresa su fe en una posible interpretación, al señalar que las interpretaciones pertenecen a Dios (v. 8) y no al aprendizaje y la manipulación. Luego de contárselos, José interpreta el primero favorablemente: el jefe copero será puesto en libertad en 3 días. Entonces, José le pide que cuando eso suceda, se acuerde de él. Pero el segundo sueño revelaba que se desataría un desastre para el jefe panadero. Ambos sueños se hicieron realidad el día del festejo del cumpleaños del Faraón. Sin embargo, el jefe copero se olvidó de José (v. 23).

Los sueños eran valorados en todo el antiguo Oriente Próximo como medio para predecir el futuro. Este episodio demuestra una vez más que Dios está al mando y el intérprete de Dios, José, anuncia “la kerigmática noticia de la vida y la muerte”. La mayor revelación de Dios llegó mediante su Hijo (Hebreos 1:1-2), y el Espíritu revela al Hijo y toda la verdad a través de los apóstoles. Hoy en día existen otros individuos con dones enviados por Cristo para construir Su iglesia (Efesios 4).

José interpreta el sueño del faraón (41)

El Faraón tuvo dos sueños que lo inquietaban y nadie de sus adivinos, ni ninguno de los sabios de Egipto podían interpretarlo. En el primero soñó que siete vacas hermosas y gordas salían del río Nilo y eran devoradas por otras siete vacas feas y flacas. Y en el segundo, siete espigas de trigo llenas y hermosas eran devoradas por otras siete espigas secas y quemadas. En este contexto, el jefe panadero “recuerda su ofensa” de haber olvidado a José y le cuenta al faraón sobre la habilidad de José de interpretar sueños. José le explica al Faraón que sólo Dios “le dará respuesta propicia” (v. 16) y procede a interpretar los dos sueños. Mediante ambos sueños, Dios quería mostrarle al Faraón lo que ocurriría en Egipto en el futuro. Siete años de mucha abundancia se seguirían de siete años de mucha escasez. Entonces, José le aconseja al faraón encontrar a un hombre prudente y sabio para que administre bien el país durante los años de abundancia, para que Egipto tenga suficientes provisiones para sobrevivir en los años de escasez. Como el Faraón y sus sirvientes sienten que “el Espíritu de Dios” estaba en José y que “no había nadie tan prudente y sabio” como él, lo nombran gobernador de todo Egipto. También le dio una esposa, ya que tenía 30 años, y tuvo dos hijos con su esposa egipcia: Manasés y Efraín. José almacenó alimentos en todas las ciudades de Egipto durante los años de abundancia; y durante los años de escasez, Egipto tenía pan para todo el que fuera a comprarle a José. Obsérvese que José presagia a Moisés y Daniel. Los tres fueron cautivos en tierras hostiles que utilizaron la sabiduría que les daba Dios y prevalecieron contra la sabiduría mundana. También prefiguran a Jesucristo, la sabiduría de Dios, quien fue elevado de la cruz para que gobernara el mundo. Tal como todos estaban ordenados a inclinarse ante José, “cada rodilla se inclinará” ante el nombre de Jesús (Bruce Waltke).

Los hermanos de José van a Egipto (42-43)

La hambruna era grave en “todas las tierras”, incluyendo Canaán. En medio de esta situación, Jacob insta a diez de sus hijos (excepto a Benjamín) a que vayan a comprar trigo a Egipto, donde José era gobernador. Al llegar a Egipto, se inclinaron ante José sin reconocerlo. Esta es una clara realización del sueño de José del capítulo 37. José reconoce a sus hermanos y los acusa de ser espías. La prueba para demostrar su inocencia es regresar y traer a Benjamín (el menor de los hermanos) a José, mientras Simeón fue retenido en la cárcel como promesa. Cuando regresaron, encontraron el dinero en los costales de trigo que le habían comprado a José. Al descubrir esto tuvieron mucho miedo y su padre se reusaba a dejar que Benjamín fuera con sus hermanos, porque la pérdida de José y Simeón ya había sido demasiado para él.

Pero como la escasez era cada vez peor, Jacob cedió y permitió que sus hijos volvieran a Egipto con el menor. Judá se ofreció como responsable por la seguridad de Benjamín (v. 9). Al llegar a Egipto, devolvieron el dinero que tenían en sus costales, y volvieron a inclinarse ante José. Éste les preguntó a cerca de su padre, y al ver a su hermano Benjamín “buscó dónde llorar” por la intensidad de sus emociones, y celebró con ellos.

José se reconcilia con sus hermanos y la llegada a Egipto (44-46:27)

En los capítulos 44 y 45, José pone a prueba la personalidad y lealtad de sus hermanos ante un hermano necesitado. José hace que Benjamín parezca culpable, poniendo una copa de plata en su costal y al resto les dice que regresen con su padre. No obstante, el renovado Judá, se ofrece para quedarse como esclavo en lugar de su hermano menor. Entonces José se siente libre de revelarse ante sus hermanos, ya que hubo una transformación, mostrándose unidos como hermanos “en la dicha y en la adversidad”. En el capítulo 46, luego de que Jacob es convencido por sus hijos de que José estaba vivo y de que era el gobernador de Egipto, toda la familia (66 personas) viajan a Egipto para encontrar la salvación de la hambruna con José. Fíjense que la “familia disfuncional” pudo hallar la salvación en aquél país, tan sólo cuando sus hermanos se reconciliaron. Todos los episodios en esta historia contribuyeron a demostrar cómo los propósitos de Dios se cumplían finalmente, a pesar de los defectos humanos. Vean cómo José se describe a sí mismo como enviado de Dios, en cuatro ocasiones (45:5, 7-8, 9). Ambos, José y Judá, presagian a Cristo. José era el hijo favorito de su padre, enviado a sus hermanos, quienes lo vendieron a pesar de su inocencia, y luego se convierte en su Amo. Judá es la primera persona en la Biblia que ofrece su propia vida por la de otro, de buena gana (Waltke).

La familia bendecida en Egipto, espera la Tierra Prometida (46:28-50:26)

Esta sección contiene seis escenarios principales y dos preguntas centrales que vienen a la mente. ¿Los Israelitas permanecerán comprometidos a la promesa hecha a Abraham de heredar la tierra de Canaán? ¿Quién los guiará?

En la primera escena (46:28 al 47:12), la familia unida, se establece en Gosén (“la mejor de las tierras de Egipto”), bajo el patriarca Jacob y el gobernador de Egipto, José. La segunda escena (47:13-31) muestra un contraste sorprendente y asombroso entre los Israelitas que prosperaron y se multiplicaron, y los egipcios que tuvieron que aceptar ser esclavos del Faraón a cambio de comida. Nótese que Jacob permanece comprometido a Canaán cuando le pide solemnemente a José que lo entierre con sus antepasados (47:29-31). La 3ª y 4ª escena son muy importantes ya que Jacob, el patriarca, bendice a sus hijos. Primero, adopta los hijos de José, Efraín y Manasés (capítulo 48), y luego bendice a cada uno de ellos, transfiriendo así la bendición divina por la cual Jacob luchó tanto en su juventud. Observe que el patriarca bendice a José, como un príncipe de entre sus hermanos, pero la soberanía le pertenece a Judá (49:8-10). Las dos últimas escenas (5 y 6) tienen que ver con las muertes y sepulturas de Jacob y José. Observe la preocupación de ambos por ser enterrados en Canaán. Jacob es sepultado “con sus antepasados” en la cueva del campo de Macpelá, cerca de Hebrón, tipificando así el éxodo de Israel de Egipto, cientos de años después. El final de este libro (50:23) recuerda la fidelidad de Dios para dar semillas. Las bendiciones de Dios sobrevivieron inundaciones furiosas y la esterilidad de los matriarcas. El último verso tiene una nota sombría cuando Jacob es puesto en el féretro (esta palabra en hebreo es la misma que “arca”). En el siguiente libro, los Israelitas acarrearán dos “arcas” por el desierto: uno que contiene los huesos del difunto patriarca José, y el otro que contiene la promesa del Dios Viviente. Hay esperanza, porque a lo largo de la historia el Dios Viviente interviene para liberar a su pueblo.

Escrito por Cristian Rata

Pasajes: 

Génesis 39 - 50

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